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No hay lugar en las Bolsas para esconderse frente a la incertidumbre. Ni peor enemigo que el miedo para el dinero. Y eso es precisamente ... lo que ayer agravó el terremoto desatado por la política arancelaria de Donald Trump. Lejos de calmarse, los inversores se vieron inmersos en una ola de ventas de la que pocos pudieron salvarse, con duras caídas que, al cierre de los mercados europeos, superaban el 4% en Wall Street.
Según datos de la página especializada FactSet, la bolsa estadounidense ha perdido 9,6 billones de dólares –con 'b'– desde que Trump llegó a la Casa Blanca. Y de esa cifra total, 5 billones se han esfumado solo en las dos últimas jornadas. El golpe ha sido durísimo también en Europa, que el viernes cerró una semana para el olvido con desplomes que superaron el 4% en Alemania y Londres y llegaron al 6% en Italia.
La Bolsa española, que el jueves mostró una honrosa resistencia, terminó por claudicar con una caída del 5,8% hasta los 12.422 puntos. Hay que retroceder al 16 de marzo de 2020 –la primera sesión que cotizó el inicio del estado de alarma por la pandemia– para encontrar una jornada peor. Aquel día, el selectivo perdió un 7,88%.
Ni siquiera las buenas cifras de creación de empleo en EE UU han logrado calmar los ánimos, tras conocerse que la economía generó 228.000 puestos de trabajo en marzo, muy por encima de los 150.000 esperados por los analistas, evidenciando que, al menos de momento, el mercado laboral parece resistir a la incertidumbre.
Banco Sabadell lidera el hundimiento con caídas del 11% que dejan su cotización en 2,30 euros, seguido de Unicaja (-10,5%) y CaixaBank (-10,6%) BBVA y Bankinter se dejan más de un 9,3%, mientras que Banco Santander cede un 8,7%, coincidiendo con la junta general de accionistas de la entidad, en la que su presidenta, Ana Botín, ha vuelto a mostrar su apuesta por EE UU pese a la tensión arancelaria.
El mercado parece haber comprado el argumento de que las medidas de Trump, más allá de su impacto en la inflación, generará un auténtico frenazo económico que podría obligar a mayores recortes de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. Algo que perjudica los margenes del sector, ampliamente beneficiados durante la reciente era de tipos elevados. La caída, de hecho, es generalizada en Europa, con descensos que también alcanzan el doble dígito en gigantes como Deutsche Bank o Unicredit.
El miedo también queda reflejado en uno de los mejores termómetros que existen sobre las perspectivas de la evolución económica: el mercado de renta fija, donde el rendimiento de los bonos lleva hundiéndose desde hace días con una brusca reacción que hace tiempo que no se observaba.
Con los inversores lanzados a la búsqueda de refugio, las compras de bonos se disparan, impulsando el precio al alza y presionando a la baja su rentabilidad (que se mueve de manera inversa). Así, el interés del bono estadounidense a diez años se despeña a punto de perder el 4%, mientras que el alemán al mismo plazo -la principal referencia en Europa- cae 15 puntos al 2,49%.
El mercado también vigila de cerca la fortaleza del euro frente al dólar, que en tan solo una sesión ha pasado de 1,07 dólares a 1,11 dólares, la mayor subida de la moneda única desde 2015. Esa debilidad del dólar es, precisamente, uno de los grandes objetivos de Donald Trump con su plan arancelario. Además de recaudar más por esta vía, si la debilidad del billete verde se mantiene en el tiempo, ayudará también a la refinanciación de la abultada deuda de la economía estadounidense.
«Como seguramente una reducción del déficit exterior llevaría aparejada una apreciación del dólar que podría neutralizar buena parte del efecto arancelario, el plan de Trump también requiere debilitar su divisa, ya sea forzando a la Fed para que baje los tipos de interés, o bien mediante un acuerdo multilateral con sus socios comerciales», apunta Emilio Ortiz, director de Inversiones de Mutuactivos.
«Son muchos los economistas que creen que el verdadero origen del déficit exterior americano reside en la fortaleza de la demanda interna. Si esto es así, la reducción del desequilibrio en la balanza de pagos requiere frenar el consumo y conseguir que otros países, como China, ahorren menos y gasten más. Pero, teniendo en cuenta la relevancia del consumo en la economía americana, no parece que esto sea posible sin que medie una recesión», añade.
Se puede decir así que el republicano está dispuesto a infligir sufrimiento a corto plazo al país -sobre todo a los consumidores por la previsible subida de la inflación y el menor crecimiento inicial- para beneficiarse de esta estrategia más adelante, a largo plazo. La duda es si esta estrategia saldrá bien, pues ahora la clave está en la contundencia de la respuesta y posibles represalias de los países afectados.
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